"LA SOMBRA DEL VIENTO"
viernes, 03 de agosto del 2007 a las 14:37
Os dejo aquí este extracto del libro, porque me pareció estupendo, me identifico plenamente con él, y yo también prefiero a un malo que no a un cazurro limítrofe. Imagino que al Sr. Ruiz Zafón no le parezca mal que le dé publicidad aunque francamente, no le hace ninguna falta.
Extracto del libro "LA SOMBRA DEL VIENTO" (C. Ruiz Zafón)
Capítulo 19
Imagínense ustedes el cuadro –concluyó don Anacleto para
consternación de todos.
El epílogo de la historia no mejoraba las expectativas. A media
mañana, un furgón gris de jefatura había dejado tirado a don Federico
a la puerta de su casa. Estaba ensangrentado, con el vestido hecho
jirones, sin su peluca ni su colección de bisutería fina. Se le habían
orinado encima y tenía la cara llena de magulladuras y cortes. El hijo
de la panadera lo había encontrado acurrucando en el portal llorando
como un niño y temblando.
-No hay derecho, no señor-comentó la Merceditas, apostada a la puerta
de la librería, lejos de las manos de Fermín-. Pobrecillo, si es más
bueno que el pan y no se mete con nadie. ¿Qué le gusta vestirse de
faraona y salir a cantar? ¿y qué más dará? Es que la gente es mala.
Don Anacleto callaba, con la mirada baja.
-Mala no-objetó Fermín-. Imbécil, que no es lo mismo. El mal presupone
una determinación moral, intención y cierto pensamiento. El imbécil o
cafre no se para a pensar ni a razonar. Actúa por instinto, como
bestia de establo, convencido de que hace el bien, de que siempre
tiene la razón y orgulloso de ir jodiendo, con perdón, a todo aquel
que se le antoja diferente a él mismo, bien sea por color, por
creencia, por idioma, por nacionalidad o, como en el caso de don
Federico, por sus hábitos de ocio. Lo que hace falta en el mundo es
más gente mala de verdad y menos cazurros limítrofes.
-No diga usted majaderías. Lo que hace fata es un poco más de caridad
cristiana y menos mala leche, que parece esto un país de alimañas –
atajó la Merceditas-. Mucho ir a misa, pero a nuestro señor Jesucristo
aquí no le hace caso ni Dios.
-Merceditas, no mentemos a la industria del misal, que es parte del
problema y no de la solución.
(….)
Capítulo 19
Imagínense ustedes el cuadro –concluyó don Anacleto para
consternación de todos.
El epílogo de la historia no mejoraba las expectativas. A media
mañana, un furgón gris de jefatura había dejado tirado a don Federico
a la puerta de su casa. Estaba ensangrentado, con el vestido hecho
jirones, sin su peluca ni su colección de bisutería fina. Se le habían
orinado encima y tenía la cara llena de magulladuras y cortes. El hijo
de la panadera lo había encontrado acurrucando en el portal llorando
como un niño y temblando.
-No hay derecho, no señor-comentó la Merceditas, apostada a la puerta
de la librería, lejos de las manos de Fermín-. Pobrecillo, si es más
bueno que el pan y no se mete con nadie. ¿Qué le gusta vestirse de
faraona y salir a cantar? ¿y qué más dará? Es que la gente es mala.
Don Anacleto callaba, con la mirada baja.
-Mala no-objetó Fermín-. Imbécil, que no es lo mismo. El mal presupone
una determinación moral, intención y cierto pensamiento. El imbécil o
cafre no se para a pensar ni a razonar. Actúa por instinto, como
bestia de establo, convencido de que hace el bien, de que siempre
tiene la razón y orgulloso de ir jodiendo, con perdón, a todo aquel
que se le antoja diferente a él mismo, bien sea por color, por
creencia, por idioma, por nacionalidad o, como en el caso de don
Federico, por sus hábitos de ocio. Lo que hace falta en el mundo es
más gente mala de verdad y menos cazurros limítrofes.
-No diga usted majaderías. Lo que hace fata es un poco más de caridad
cristiana y menos mala leche, que parece esto un país de alimañas –
atajó la Merceditas-. Mucho ir a misa, pero a nuestro señor Jesucristo
aquí no le hace caso ni Dios.
-Merceditas, no mentemos a la industria del misal, que es parte del
problema y no de la solución.
(….)



